.
El
texto ofrecido se ha obtenido a partir de los libros "Aproximación
a la fruticultura integral", "Relaciones químicas: una revisión
a las alelosubstancias vegetales", y diversos artículos aparecidos
en el periódico Europa Agraria, todos ellos propiedad de Mediterránea
de agroquímicos. |
Rizosfera
.
El suelo en si mismo
es un ecosistema donde ocurren una serie de relaciones de alimentación,
muerte, degradación, y convivencia. Las propiedades del terreno
dependen en gran parte del correcto mantenimiento de sus ciclos biológicos.
Su complejidad es notable, y difícil de estudiar debido a la escala
de trabajo y a la multitud de aspectos parciales. En las investigaciones
no debe olvidarse esta parcialidad del objeto estudiado, recordando que
pertenece a un sistema mayor. Por ello, en el caso de las alelosubstancias
(según la definición de Putnam y Tang), es adecuado situarlas
en el contexto de la rizosfera, obteniendo así una idea más
adecuada de su acción.
En un sentido estricto,
la rizosfera es la parte del suelo inmediata a las raíces, tal que
al extraer una raíz, es aquella porción de tierra que resta
adherida a la misma. Se considera así dado que las características
químicas y biológicas de la rizosfera se manifiestan en una
porción de apenas 1 mm de espesor a partir de las raíces.
. Sin embargo, debido
a la densidad de raíces que emiten las plantas, se puede considerar
la rizosfera de una forma más amplia, como la porción de
suelo que en la que están las raíces de las plantas. En esta
zona se dan toda una serie de relaciones físicas y químicas
que afectan a la estructura del suelo y a los organismos que viven en él,
proporcionándole unas propiedades diferentes.
Se pueden destacar
dos características de la rizosfera. Una de ellas es la presencia
de numerosos organismos en mayor densidad que en el suelo normal. Organismos
como bacterias, hongos (micorrícicos o no), y microfauna, como por
ejemplo nematodos. La otra característica notable es la estabilidad
de las partículas de suelo, tanto por la acción mecánica
de las raíces, como por la acción agregante de los exudados
de los diferentes organismos presentes (plantas y microorganismos).
La concentración
de raicillas, y por tanto la superficie absorbente, varía bastante
según las condiciones del medio o el estado vegetativo de la planta.
La deficiencia alimenticia incide en el desarrollo de la planta, y por
ello también de sus raíces. Por ejemplo, una baja presencia
de calcio en el suelo limita el desarrollo radical. Otro ejemplo es la
respuesta negativa ante condiciones de sequedad o de saturación
del suelo. También indicar que la distribución de las raíces
también varía según la fructificación.
En una experiencia
con manzanos de Crimea con deficiencias minerales, se comparó su
rizosfera con la de árboles sanos. Los investigadores observaron
que en la rizosfera de los árboles con problemas había mayor
cantidad de bacterias desnitrificadoras, así como actinomicetos
y hongos. También se indicó una mayor actividad alelopática.
.
Convivencia en la
rizosfera
Sin considerar a los
insectos, en el suelo deben convivir, por una parte, las raíces
de las plantas, en competición por los recursos, y, por otra parte
una enorme cantidad de microorganismos. Estos aumentan en número
relativo en la cercanía de las raíces.
Por lo que respecta
a la convivencia entre plantas, a medida que aumenta la proximidad entre
raíces, la competencia por el espacio, y por tanto por agua y alimento,
se hace mayor. En la zona común que engloba la rizosfera de ambos
vegetales, la emisión al suelo de substancias alelopáticas
está justificada. En ocasiones, a través de las micorrizas
hay una cierta conexión entre raíces de diferentes plantas,
por lo que entre otras substancias, las alelopatinas pasan de uno a otro
vegetal..
Respecto a los microorganismos,
en la proximidad de las raíces suele hallarse gran cantidad de bacterias
con mayor o menor especificidad respecto dicha zona del suelo. Se comprueba
la importancia de las relaciones entre plantas y otros organismos en la
rizosfera. Por ejemplo, en una experiencia de inoculación bacteriana
en el suelo previamente esterilizado de un cultivo de trigo, se observó
como la presencia de Azotobacter chroococcum, Azospirillum brasilense,
o Streptomices mutabilis, incrementaba el crecimiento de las plantas.
Además de estimular el crecimiento de las plantas, se observó
que la presencia bacteriana aumenta la cantidad de nitrógeno, fósforo
y magnesio, así como de azúcares en los tallos de trigo.
También se observó que la cantidad de ác. indol acético
en los tallos de trigo y en la rizosfera aumentaba. El investigador, El
Shanshoury, indica una interacción entre las bacterias cuando la
inoculación es dual, aumentando o disminuyendo las poblaciones relativas.
.
Es de gran interés
destacar que diversas bacterias de la rizosfera muestran antagonismo hacia
hongos patógenos. Por ejemplo, en una experiencia, M.Yasuda y K.Katoh,
contabilizaron los tipos de bacterias presentes en el suelo de cultivo
de melocotoneros y de manzanos, observando que de 142 tipos de bacterias
aeróbicas halladas, 51 lo fueron en las raíces de melocotonero,
48 en las de manzano, y 43 en el suelo. La mayoría de cepas bacterianas
aisladas en las raíces fueron del género Agrobacterium, de
las cuales aproximadamente el 40% mostraron antagonismo hacia Rosellinia
necatrix..
En un estudio de la
colonización de Azospirillum brasilense en cebada se observó
la distribución en el área de las raíces, viendo que
la mayor densidad es inmediata a éstas. A tan sólo 0,5 mm
de las raíces, la densidad de A. brasilense es igual a la presente
en el suelo. También se observó cómo, tras una gran
densidad inicial respecto otras bacterias, transcurrido un mes, la densidad
bacteriana de A.brasilense pasó a un valor muy inferior.
.
Estando la micorrización
excluida mediante una separación física, A.A. Meharg y K.
Killham indican tras sus experiencias que se ha observado el mayor crecimiento
de la planta a causa de la colonización de la rizosfera, no de las
raíces, por parte del hongo Cladosporium resinae. La presencia
del hongo también causa un aumento de la exudación de las
raíces..
La aplicación
de pesticidas y fertilizantes afectan bastante a la población de
la rizosfera, tanto en su cantidad como en la presencia de especies concretas.
Si bien la fertilización mineral, aplicada con mesura, suele tener
un efecto beneficioso respecto la población microbiana, propiciando
su desarrollo, altera la proporción de las especies presentes. Por
lo que respecta a la mesofauna, generalmente se ve perjudicada por la toxicidad
y salinidad puntualmente propiciadas.
Productos bioquímicos
exudados al suelo
Además de los
productos liberados al suelo por los microorganismos, las plantas emiten
por sus raíces multitud de substancias, tanto de desecho como con
fines concretos. Entre estas últimas hay productos atrayentes de
bacterias y hongos de la rizosfera, atrayentes de bacterias simbiontes
por parte de las leguminosas, alelopatinas, etc.
Entre los exudados
vegetales se distinguen, según su naturaleza, azúcares, aminoácidos,
ácidos orgánicos, lípidos, vitaminas, proteínas
(enzimas), etc. El tipo y cantidad de estos compuestos varía bastante
de una planta a otra. También debe tenerse en cuenta que, junto
a las substancias exudadas, también se liberan a la rizosfera los
restos orgánicos de las raíces en sus procesos de crecimiento.
Según su función,
entre los múltiples exudados de los organismos de la rizosfera se
puede destacar:.
a) mucílagos
y otros productos con capacidad de agregación de partículas
del suelo.
b) atrayentes (podrían
considerarse alelosubstancias)
c) alelosubstancias
d) enzimas
e) hormonas vegetales
f) compuestos con función
secuestrante o disolvente de elementos minerales.
.
a) Diversos componentes
de los exudados de las plantas tienen una influencia notable sobre los
agregados del suelo, y por ello en la estructura del mismo. También
muchos exudados microbianos cumplen esta función.
En una experiencia
sobre la acción de los mucílagos exudados por los raíces
sobre los agregados del suelo, J.L. Morel, L. Habib, S. Plantureux, y A.
Guckert, observaron cómo la adición de éstos a un
suelo, mejoraba rápidamente la estabilidad de los agregados. La
acción es calificada como de pegamento entre las partículas.
En este mismo sentido, la degradación microbiana de estos mucílagos
redundó en un empeoramiento de la estabilidad del terreno frente
a la acción del agua.
b) Los atrayentes segregados
por los vegetales tienen como misión atraer y favorecer el establecimiento
de colonias de bacterias u hongos simbióticos o favorecedores para
el vegetal. Por ello, los atrayentes pueden considerarse como alelosubstancias.
Es de suponer que
la exudación de atrayentes ha de ser especialmente intensa durante
los primeros estadios de la vida del vegetal, de forma que se colonizen
sus raíces rápidamente. En este sentido puede indicarse una
experiencia de G. Johansson. Según ésta, en el caso de Festuca
pratensis, durante las primeras semanas tras la germinación, aproximadamente
el 10% del carbono fijado mediante la fotosíntesis y convertido
en moléculas orgánicas, es exudado por las raíces,
y a su vez aprovechado por los microorganismos del suelo.
Diversas substancias
presentes en los exudados de las leguminosas actúan como atrayentes
de las bacterias simbiontes. En el caso de la alfalfa se ha estudiado su
relación con la bacteria Rhizobium meliloti. Los investigadores
E. Kárpáti, T. Ponti, y T. Sik distinguen dos tipos de atracción
debida a los exudados, unos atrayentes que parecen ser aminoácidos
y azúcares, y otros productos de carácter más específico.
También indican que existe una relación entre la producción
de atrayentes y la edad del vegetal y la fertilización nitrogenada.
En el caso de la soja y la bacteria Bradyrhizobium japonicum, parece
ser que los ácidos dicarboxílicos y los aminoácidos
glutamato y aspartato son los atrayentes.
Por otra parte, la
capacidad de crecimiento bacteriano se ve favorecida por la presencia de
las plantas y sus exudados, observándose incluso una correlación
entre la biomasa de raíces y la biomasa microbiana.
En una experiencia,
10 especies de bacteria propias de la rizosfera de la soja, y 10 tipos
procedentes del suelo normal, se compararon respecto a su capacidad de
colonización de las raíces de soja. Una de las diferencias
fué la mayor capacidad de las bacterias de la rizosfera para colonizar
partes de la raíz alejadas del punto de inoculación. La respuesta
a la inmediatez de la raíz (exudados, potenciales osmóticos,
etc.) no difiere significativamente entre ambos tipos de bacterias, pero
se puede indicar que, aunque no es una diferencia significativa, en presencia
de exudados vegetales, las bacterias de la rizosfera tienen un crecimiento
más rápido..
c) Como se verá
en apartados posteriores, las plantas segregan substancias que favorecen
o interfieren en el desarrollo de otros organismos presentes en el suelo.
Generalmente estas alelosubstancias son productos de competencia contra
otras plantas.
Tal como indican los
investigadores C.C. Young y S.H. Chen tras sus experiencias con espárragos,
los extractos de suelo procedentes de la rizosfera tiene más capacidad
alelopática que aquellos procedentes de suelo normal16. A su vez,
en el suelo procedente de la rizosfera se observa una gran cantidad de
compuestos fenólicos.
Como en el caso de
otras moléculas orgánicas, las alelosubstancias pueden verse
adsorbidas por las arcillas y la materia orgánica del suelo. Especialmente
los compuestos con núcleos aromáticos parecen ser fácilmente
adsorbidos por las arcillas. Tal como ocurre con los plaguicidas, si la
adsorción es muy fuerte puede incluso dificultar la degradación
por parte de los microorganismos. En estos casos, incluso la CIC del suelo
disminuye al estar ocupados de forma prolongada los lugares de intercambio.
Sin embargo, debe indicarse que la fuerte adsorción que sufren algunos
plaguicidas es también debida a las cargas de sus grupos iónicos,
caso que no suele presentarse en las alelosubstancias.
d) Los enzimas, producidos
básicamente por microorganismos pero asimismo por plantas, también
están presentes en la rizosfera. Por ejemplo, se han identificado
fosfatasas, proteasas, ureasas, glutaminasas, o deshidrogenasas. La acción
de estas proteínas acelera el aprovechamiento de moléculas
orgánicas presentes en el suelo. En el caso de los vegetales, la
rotura de cadenas orgánicas y macromoléculas facilita su
absorción por las raíces.
Los enzimas ven su
actividad favorecida o limitada en función de las condiciones del
ambiente (pH, tª, aireación, textura del suelo, etc.). A su
vez, las plantas tienen capacidad para variar el pH del suelo, y por ello
influir en la presencia de microorganismos. Entre otras experiencias, se
puede citar la de R.H. McKenzie et al., donde, entre otros aspectos se
indica, en diferentes suelos, la variación del pH de los mismos
según la distancia a la rizosferas de trigo y nabo, y la variación
de la actividad de la deshidrogenasa y las fosfatasas, segregadas por microorganismos,
en función del tipo de suelo y la variación del pH inducida
por la planta.
En una experiencia
de E. Vardavakis, éste indica que haciendo un seguimiento de la
actividad enzimática en el suelo, a su vez se conoce la población
fúngica presente en el mismo, ya que existe una correlación..
e) Diversos microorganismos
del suelo son capaces de producir y segregar las diferentes hormonas vegetales.
Por ejemplo, se pueden citar algunas bacterias de los géneros Azotobacter
y Pseudomonas como productoras de citoquininas, principalmente a partir
de la adenina.
El ácido indol
acético parece ser un producto habitual del metabolismo de los microorganismos
del suelo, tanto hongos como bacterias.
Por otra parte, la
síntesis de etileno es bastante común en la rizosfera, a
partir de los exudados vegetales.
Las plantas también
exudan por las raíces pequeñas cantidades de hormonas vegetales
capaces de afectar a otros vegetales inmediatos.
f) Se ha observado
cómo las plantas son capaces de emitir pos sus raíces substancias
con una acción más o menos secuestrante o complejante de
elementos metálicos, generalmente ácidos orgánicos.
Mediante una acción sobre el pH de la rizosfera y los agentes complejantes,
los vegetales pueden aprovechar mejor los metales presentes en el suelo.
Las investigaciones
principalmente se centran en la capacidad de aprovechar el hierro, de ahí
que a estas substancias con capacidad secuestrante se les llame sideróforas.
Sin embargo, este nombre está pasando a denominar genéricamente
las substancias capaces de solubilizar metales, poniéndolos al alcance
de las plantas o bacterias. En el caso de plantas se les da el nombre de
substancias fitosideróforas.
En una experiencia
con plantas en un suelo calcáreo, deficiente en hierro, se observó
que en la rizosfera había más hierro disponible para los
vegetales de la experiencia (cebada, trigo y avena) que en el suelo normal,
producto de la acción de las substancias fitosideróforas.
. Los investigadores
A.T. Kuiters y W. Mulder indican cómo diferentes substancias orgánicas
obtenidas a partir del lavado acuoso de hojas frescas de Quercus
y Populus tienen capacidad complejante de metales. Tras una separación
cromatográfica de las substancias presentes en los lavados, se observa
dicha capacidad en las fracciones. La que tiene compuestos con elevado
peso molecular muestra una elevada capacidad complejante. La segunda fracción,
con substancias de menor peso molecular y ácidos fenólicos,
también muestra dicha capacidad, aunque con menor fuerza.
Los autores indican
que así como la segunda fracción es rápidamente lavada
de la superficie de las hojas, la primera, con substancias de alto peso
molecular, es más dificultosa de obtener. Indican también
la especial capacidad de la primera fracción en la solubilización
de Al y Fe, y de la segunda hacia Pb, Cu, Zn, y Mn.
Además de las
substancias sideróforas, la modificación del pH y del potencial
redox del suelo por parte de las plantas también influye en la accesibilidad
de diferentes elementos minerales.
La capacidad de modificación
del pH y la extensión de ésta depende de la especie en concreto,
tal como indican los investigadores R.A. Youssef y M. Chino. Por ejemplo,
en la rizosfera, el potasio y el calcio están más disponibles
para los vegetales que en el resto del suelo. Esta capacidad varía
según la planta y el momento vegetativo, tal que unas especies tienen
más capacidad que otras para mantener disponibles dichos cationes.
Por otra parte, se
puede citar los trabajos de E. Lykhmus sobre la variación del potencial
redox en una comunidad con especies dominantes del gen. Myrtillus.
Dicho investigador observó cómo había notables variaciones
en el potencial de un año al siguiente, así como durante
la época de crecimiento. Estas variaciones eran debido al efecto
de las plantas, ya que se constató una considerable diferencia de
influencia entre las diferentes asociaciones vegetales.
Aparte de sus diferentes
funciones, el conjunto de estos exudados actúa como señal
química no deseada frente a nematodos y patógenos. Estos
tienden a localizar las raíces a través de sus exudados,
y se localizan allí donde éstos se liberan en mayor cantidad.
Según diferentes investigaciones, es en la zona meristemática
adyacente a la radícula donde la exudación es mayor.
Es interesante señalar
que en ocasiones algunos compuestos pulverizados a las hojas se traslocan
por la planta y en parte son excretados por las raíces. Algunas
veces la cantidad exudada es suficientemente grande como para afectar a
plantas vecinas.
Debe considerarse el efecto
de las aplicaciones fertilizantes a las hojas, tan frecuentes para corregir
carencias minerales. El efecto de esta aplicación es la modificación
de los procesos biosintéticos, demanera que también se modifica
la excreción, enriqueciéndose en unas substancias y empobreciéndose
en otras, según el fertilizante. La modificación de los exudados
de las raíces causa una modificación de la distribución
y densidades de los microorganismos de la rizosfera.
Gases en la rizosfera
En la rizosfera también
se da una producción de gases, como son el metano, el hidrógeno
y el anhídrido carbónico. En el caso del arroz, el metano
se sintetiza principalmente en la zona de la rizosfera pero no en las raíces,
mientras que el hidrógeno y el anhídrido carbónico
son liberados tanto por parte de los microorganismos como de las raíces.
El comportamiento
de los gases en la rizosfera y en el suelo en general es poco conocido,
pero puede deducirse de su estructura química. Así por ejemplo,
las moléculas de poco peso molecular y poca polaridad deben distribuirse
por la atmósfera del suelo mediante procesos de difusión.
En cambio, es muy probable que las moléculas mayores y/o con polaridad
sean adsorbidas con mayor o menor fuerza por la materia orgánica,
y en los lugares de intercambio catiónico.
En una experiencia,
C.W. English y R.C. Loehr investigaron el comportamiento en el suelo de
tres moléculas orgánicas volátiles, el benceno, el
tricloroetileno, y el o-xileno. Dichos investigadores indicaron que en
el paso de estas substancias a través del suelo se da una disminución
de la cantidad. Se deduce por ello la adsorción de parte de las
moléculas.
Entre los compuestos
volátiles presentes en la rizosfera también hay alelosubstancias,
como se desprende de la experiencia de J.M. Bradow y W.J. Connick Jr..
Estos investigadores observaron cómo la germinación y desarrollo
de diferentes semillas (algodón, zanahoria y tomate) eran inhibidos
por diferentes compuestos volátiles emitidos a partir de restos
de diversas malas hierbas y cultivos.
Ciclo de nutrientes
El ciclo de nutrientes
de los ecosistemas terrestres tiene en la rizosfera un punto de gran importancia.
Los elementos extraídos del suelo por las plantas y utilizados en
la biosíntesis, vuelven al suelo como materia orgánica, que
se descompone en las capas superiores y, tras sucesivos ciclos de degradación,
pasa a formar parte integrante del humus, o se mineraliza. Pueden volver
entonces a ser utilizados por los vegetales, cerrándose el ciclo.
Debe indicarse la
capacidad de los vegetales para enriquecer las capas superficiales del
suelo, ya que toman elementos desde horizontes más profundos y los
incorporan a sus tejidos. Estos al morir pasan a formar parte de los horizontes
superficiales.
Gracias al ciclo de
nutrientes los suelos no se empobrecen con el tiempo, a menos que las condiciones
de percolación, arrastre, o erosión superficial sean severas.
Se puede indicar el caso de las selvas tropicales, donde, a pesar de la
lluvia diaria, se mantiene la riqueza global de elementos minerales. Estos
no están en el suelo sino en las plantas, y ,merced al ciclo de
nutrientes, se puede mantener un gran crecimiento vegetal, ya que los restos
orgánicos son inmediatamente aprovechados. La desaparición
de la cubierta vegetal implica la pérdida de la riqueza mineral,
además de la desprotección del terreno. Aunque de forma no
tan acusada, este fenómeno también se da en bosques de zonas
templadas y frías.
Por otra parte, aunque
no participen directamente en el ciclo de nutrientes, todos los organismos
del suelo se benefician de éste. Por ello, numerosas propiedades
del suelo, entre ellas su estructuración gracias a los exudados
orgánicos, se ven beneficiadas si la vida del suelo se mantiene
en buenas condiciones. Los microorganismos que participan en la degradación
de substancias orgánicas son también muy beneficiosos gracias
a su acción detoxificadora, tanto de alelopatinas como de plaguicidas
y otros tóxicos externos.
En los cultivos, la
necesidad de abonado se debe, por un lado, a la salida de cosechas, y con
frecuencia, de restos vegetales fuera del terreno de cultivo. Con ello
hay una pérdida de elementos minerales que deben ser repuestos.
Por otra parte se debe a la disminución de la eficacia del ciclo
de nutrientes debido a la acción de plaguicidas y exceso de abono
sobre los insectos y microorganismos. Cuando las prácticas de cultivo,
entre ellas el abonado, se realizan respetando a los organismos capaces
de degradar y reutilizar la materia orgánica, la salud y fertilidad
del suelo se ve beneficiada.
Si el terreno aporta
al ciclo de nutrientes fósforo, potasio, metales y otros microelementos,
los vegetales aportan C, H, O y N (las leguminosas). A su vez, el suelo
de la rizosfera es mucho más rico en microorganismos, que almacenan
nutrientes en sus tejidos, y que son capaces de aprovechar mejor que las
plantas algunos recursos. Por ejemplo, las plantas se favorecen de los
hongos para conseguir fósforo y metales.
Tras la llegada de
restos orgánicos tiene lugar una sucesión de fenómenos
de degradación que comprenden la labor de diferentes organismos.
En esta descomposición tienen un papel importante la mesofauna y
la microfauna del suelo, que generalmente intervienen en los primeros estadios
de degradación.
Generalmente, la mayoría
de la fauna del suelo comprende especies saprófitas, entre las que
destacan los géneros Acari, Collembola y Nematoda. Atendiendo al
tamaño, los dos primeros pertenecen a la mesofauna y el tercero
a la microfauna del suelo. Los protozoos, que pueden ser muy abundantes,
también forman parte de la microfauna.
En un estudio de mesofauna
edáfica en un terreno con Populus nigra se ha observado que los
organismos detritívoros conforman más del 90% de la comunidad,
siendo especialmente de los géneros Acari y Collembola.
En una experiencia
en una plantación de Pinus silvestris, se investigó
la sucesión entre hongos y mesofauna durante la descomposición
de los restos orgánicos. El investigador, J.F. Ponge, observó
los siguientes estadios de colonización: Una primera colonización
fúngica, una segunda colonización fúngica, la acción
de la fauna del suelo, seguida de la acción de la microfauna y la
colonización bacteriana, y finalmente tiene lugar la acción
de hongos micorrícicos.
La acción de
la mesofauna, además de influir en la rapidez de la descomposición,
también influye en la formación y tipo de humus. La principal
influencia parece que deriva de su mayor o menor presencia, de forma que
los restos orgánicos llegan más o menos disgregados a la
acción microbiana. Por otra parte, la accesibilidad de alimentos
disgregados influye sobre la dimensión de la población microbiana.
En una experiencia,
H. Setälä, M. Tyynismaa, E. Martikainen y V. Huhta estudiaron
el efecto de la mesofauna sobre la mineralización del C, el N y
el P, e indican que no sólo influye la presencia de fauna, sino
las relaciones entre las diferentes especies de la misma.
Lógicamente
las condiciones del suelo también influyen en la acción microbiana,
condiciones que, a su vez, en parte son debidas a la acción de los
vegetales. Por ejemplo, en una experiencia sobre el uso del carbono por
los microorganismos del suelo, V. Wolters y R.G. Joergensen, vieron cómo
la biomasa microbiana, así como la incorporación de carbono
procedente de residuos vegetales, tenía una correlación positiva
con la cantidad de calcio intercambiable. También observaron que
una cantidad de carbono orgánico del suelo mostraba una correlación
positiva con el pH, la CIC, y el Ca intercambiable.
La descomposición
microbiana de restos orgánicos por parte de hongos y bacterias,
como es conocido, depende en gran medida del nitrógeno disponible
en los restos o en el suelo. Por ello, y al margen del tipo de substrato
donde se ubique el proceso, la descomposición de restos de leguminosas
suele ser más rápida que la de otras plantas.
En una experiencia
sobre mineralización del nitrógeno orgánico, se observa
cómo el nitrógeno inmovilizado en los tejidos de los microorganismos
se mineraliza con mayor facilidad que el nitrógeno orgánico
de otro origen. Debe indicarse también que los procesos de mineralización
del N orgánico tanto procedente de restos como de origen microbiano
se aceleran cuando se producen en el suelo procesos de secado y rehumedecimiento.
Substancias producto
de la descomposición
Además de la
incorporación a los tejido microbianos, en su descomposición,
la materia orgánica procedente de las plantas produce, entre otros
productos, las substancias putrescina y cadaverina. Estas tienen actividad
alelopática inhibiendo por ejemplo el crecimiento de raíces
próximas.
No necesariamente
estas moléculas se producen en la materia orgánica en descomposición.
Por ejemplo, el estrés o una carencia mineral pueden ser causa de
que estas se originen en las propias plantas.
Se puede citar la
experiencia de H.J. Jager y A. Priebe, en la que se observó como
la salinidad debida a NaCl causaba la acumulación de putrescina
en guisantes. Otra experiencia en la que el estrés causa la síntesis
de putrescina es la realizada por L.B. Turner y G.R. Stewart en avena.
En esta se vio como el estrés hídrico causaba la acumulación
de putrescina en las hojas de avena.
También se
puede comentar la experiencia de T.A. Smith, en la que observó como
la cantidad de putrescina era mayor en avena con deficiencias de fósforo
y de magnesio que en las plantas control sin deficiencias minerales. En
esta misma experiencia se vio como otras deficiencias minerales podían
tener un efecto inverso, disminuyendo el nivel de putrescina.
Desde hace unos años
se investiga la acción de la putrescina en las relaciones micorríticas,
y entre plantas y hongos en general, ya que por ejemplo se ha observado
una correlación entre la presencia de esta molécula y un
incremento de la micorrización.
Micorrizas
Como se sabe, la micorrización
es un fenómeno usual en las raíces de las plantas. Esta asociación
entre el hongo y la planta beneficia a ambos, y permite al vegetal explotar
mejor los recursos de su entorno, así como verse más protegido
del ataque de patógenos. En mayor o menor medida, prácticamente
todas las plantas son micorrizadas en una relación de simbiosis.
Las micorrizas o raíces
fúngicas establecen contacto con las raíces de la planta,
dándose lugar un intercambio de substancias, además de aumentar
mucho la superficie de absorción del vegetal. Dependiendo del tipo
de hongo, la relación es poco o muy específica (en general,
cada especie fúngica puede relacionarse con decenas de especies
vegetales, aunque tenga preferencia por alguna determinada). En muchos
casos esta relación es además muy necesaria para la planta,
por lo que ésta incluso emite substancias atrayentes. Por otra parte,
con frecuencia el hongo micorrítico es incapaz de subsistir fuera
de la simbiosis.
En la simbiosis, el
vegetal cede al hongo hidratos de carbono, y el hongo facilita a la planta
un mejor abastecimiento mineral, especialmente de fósforo. También
proporcionan tolerancia a la sequía. El incremento de producción
de los vegetales es variable pero siempre mayor respecto una planta no
micorrizada.
Según P.M.
Attiwill y MA. Adams, si bien en bosques de zonas templadas y frías,
el factor limitante en la descomposición de restos orgánicos
es el nitrógeno, en muchos otros bosques, especialmente aquellos
asentados en suelos antiguos, parece ser el fósforo el factor limitante.
No sólo de la descomposición de restos orgánicos,
sino también del crecimiento de las plantas.
Dichos investigadores
indican que en la superficie del suelo de los bosques, más del 50%
del fósforo presente está bajo forma orgánica, a veces
inmovilizado en las primeras fases de la descomposición de restos.
La disponibilidad del fósforo parece ser el producto de su aprovechamiento
por parte de los organismos detritívoros por una parte, y por otra
influida por los posibles enlaces químicos e insolubilización
que pueda sufrir.
Debe indicarse que
los fertilizantes causan un descenso de la actividad micorrítica,
pudiéndose llegar a inhibirse dichos hongos en suelos excesivamente
fértiles. A su vez los numerosos plaguicidas y fungicidas provenientes
de las aplicaciones a los cultivos causan también una depresión
en la actividad micorrítica.
Como es lógico,
y se verá en apartados posteriores, la micorrización también
es un blanco de las alelosubstancias, siendo éste uno de los factores
que influyen en la presencia o no de esta relación en una planta.
Las plantas de la familia de las Ericáceas, productoras de alelosubstancias
contra micorrizas ajenas, suelen estar muy micorrizadas, generalmente por
hongos endotróficos. En ocasiones se ha observado cómo las
micorrizas conectan a las ericáceas con las coníferas.
Lombrices y substancias
químicas en la rizosfera
En el ciclo de nutrientes
las lombrices también juegan un papel importante, ya que contribuyen
a la disgregación y descomposición de restos orgánicos,
y a la formación de galerías por las que circula el agua
y el aire.
Debido la digestión
de los restos orgánicos, la tierra excretada por las lombrices es
más rica en fósforo y nitrógeno que la ingerida, y
a muy largo plazo también más rica en carbono. En una experiencia,
los investigadores T.B. Parkin y E.C. Berry, aportaron materia orgánica
bajo diferentes formas a un medio con tres especies de lombrices.
Se observó cómo los residuos de las lombrices eran más
ricos en nitratos y amonio que la materia orgánica original. También
se observó que la riqueza relativa de nitrógeno en los tejidos
de las lombrices reflejaba la riqueza en nitrógeno de los restos
orgánicos añadidos.
La tierra excretada
por las lombrices es rica en microorganismos detritívoros que prosiguen
el ciclo de humificación. Se puede concluir que las lombrices se
ven implicadas en los ciclos del carbono y el nitrógeno en el suelo,
ya que aceleran la descomposición de los residuos orgánicos.
Por ello, también se puede indicar que un efecto, directa o indirectamente
debido a las lombrices, es la detoxificación de suelos con presencia
de substancias orgánicas, como pueden ser alelopatinas provenientes
de exudados y restos de plantas.
Las lombrices también
juegan un papel importante en la aireación del suelo y en el movimiento
de agua en el mismo. Las galerías que forman dichos gusanos se pueden
considerar como macroporos por los que se mueve el agua con mucha facilidad.
En dicho movimiento del agua deben considerarse también las substancias
solubles en ésta, como son nutrientes, pesticidas, y también
alelosubstancias solubles. Debe indicarse que los macroporos no sólo
son creados por las lombrices, también pueden tener origen en cambios
de temperatura, la acción de las raíces, o la acción
de insectos.
En función
del tipo de manejo de suelo, la presencia de lombrices se verá favorecida
o no, y con ello su influencia física y química sobre el
suelo. Por ejemplo, la aplicación de fertilizantes inorgánicos
y pesticidas desfavorecen el desarrollo de poblaciones de lombrices.
Así, una menor
población de lombrices tiene repercusión, por ejemplo, en
los macroporos del suelo. Los investigadores W. Munyankusi, S.C. Gupta,
J.F. Moncrief, y E.C. Berry, en una investigación a largo término
sobre los efectos del manejo del suelo sobre los macroporos, y, en consecuencia
en el movimiento de agua, observaron que el número y tamaño
de éstos en la zona superficial era similar con un uso estricto
de fertilizantes inorgánicos que con abonos orgánicos. Sin
embargo, la continuidad hacia zonas más profundas del suelo es menor
en el caso de un manejo con fertilizantes inorgánicosc. Los anteriores
científicos también indican que, aunque el movimiento de
agua por los poros es muy similar en ambas parcelas, en la de manejo orgánico
la velocidad del agua es mayor.
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